Corro por una calle. A mi mano está mi hermano. La calle no se acaba nunca. Corremos. Mi hermana. Aparece. Se une a nosotros. Corremos. Que lejos está el final de la calle. Nadie nos sigue. ¿Por qué corremos?
Giramos la esquina. Salvados. Invierno. Un bosque. Árboles, arbustos, plantas, hierba. Huele a romero y a tomillo. De nuevo vuelve a haber paz. Tranquilidad. Hace un poco de frío pero vamos muy bien abrigados. Paseamos por un sendero de tierra y pequeñas piedras rodeado de robles, pinos y encinas. Es un día soleado. No hay ni una nube en el cielo. Qué bonitos esos colores. El marrón oscuro de los troncos y las hojas de roble caídas. El verde de las pequeñas hojas de la encina. El naranja de las pocas hojas que se secan en algunos árboles que nos rodean. Seguimos caminando. Una cueva. Entramos ¿Qué habrá en su interior?
Es de noche. Corremos. Volvemos a esa calle. Mi hermano. Mi hermana. Yo. Corremos. En el cielo, nada. Negro. Oscuridad detrás nuestro. Las farolas no funcionan. Se apagan mientras corremos. Una tras otra. La oscuridad nos sigue. Aparece una persona conocida. También corre con nosotros. De nuevo el final de la calle. Seguimos corriendo. Los cuatro. ¿Por qué corremos?
Giramos la esquina. Salvados. Verano. Estamos esa persona y yo en una terraza. Una cerveza bien fresca. Hace mucho calor. Está atardeciendo y el sol se ve pequeño y rojizo. Un chico. Una chica. ¿Quién es esa persona que está conmigo? De nuevo hay paz. No se escucha nada más que el susurro del mar. ¿Dónde están mis hermanos? ¿Seguirán corriendo en aquella calle oscura? No lo sé. ¿Dónde están? Empieza a refrescar y el sol desaparece tras el cerro que hay opuesto al agua azul oscuro que tenemos delante nuestro. Entramos en casa. ¿Estarán mis hermanos tras esa cortina?
Ahí están con una persona que no veía desde que acabé el colegio. Ya somos cinco. De nuevo oscuro. Pocas luces. La calle. Corremos. Las farolas se van apagando a nuestro paso. Cada vez más rápido. Corremos más i más. Los cinco. Qué extraño. Cada vez que volvemos a la calle, ésta tiene más pendiente. Ya estamos cansados. Nos cuesta llegar al final. ¿Por qué corremos?
Giramos la esquina. Salvados. Primavera. Estamos los cinco en un gran prado. Jugamos. Nos estiramos en el césped. Huele a hierba mojada pero el suelo ya está seco. El sol es brillante. Nos calienta a todos. De repente un pequeño conejo se une a nosotros. Jugamos con él. Qué divertido. Le seguimos. Las flores dan más colorido al paisaje verde de hierba que hay a nuestro alrededor. Mi hermano, mi hermana, esa persona conocida y esa persona amiga del colegio empiezan a dormirse. Se estiran en el prado. Calma. Yo sigo al conejo. Se mete en su madriguera. Miro atrás. Ellos están relajados. Descansan bajo el sol. Sigo al conejo. Entro. ¿Será muy grande ese agujero que ha hecho en el prado?
Cae la noche. Corro. Ahora estoy solo. Todos están relajados. Tranquilos en aquel prado. Yo corro. De nuevo, la calle. No se acaba nunca. Las luces se apagan a mí alrededor. Pienso mientras corro. ¿Mis hermanos? ¿Esa persona conocida? ¿Esa persona del colegio? ¿Qué hacen los cuatro conmigo? ¿Por qué corríamos? ¿Por qué esa esquina del final de la calle siempre nos llevaba a algún sitio distinto cada vez? ¿Era la misma calle? Sí. Corro. Las farolas se apagan. Qué lejos está el final. Qué viaje tan raro. Qué bonito era girar la esquina. Siempre algo distinto. Siempre había calma. Tranquilidad. Paz. Era momento de relajación. Pero ahora estoy corriendo. Sin parar. ¿Por qué corro?
Me detengo. Se apagan todas las farolas. Una a una. Todo está oscuro ya. Una luz tenue empieza a cubrirme.¿Qué hora deberá ser? Esto parece el final de algo. ¿De qué?
Abro los ojos. Hora de despertarse.
sábado, 10 de noviembre de 2007
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